sábado, 25 de octubre de 2008

LOS COMECHINGONES Y LOS INCAS

INTRODUCCIÓN


Hace poco más de un año, encontrándome en la Villa de Merlo, precisamente, observé que una de mis sobrinitas leía un libro titulado “Rastros de Comechingones”, escrito por Susana Dillon y editado por la Editorial de la Fundación Universidad Nacional de Río Cuarto. Curiosa, como siempre, ante los temas históricos, lo leí rápidamente. Pude ver que se trataba de una obra interesante y amena, aparentemente destinada a escolares y maestros. Sin embargo, un detalle llamó poderosamente mi atención ya desde las primeras páginas: el énfasis que la autora ponía en destacar que los Comechingones formaron parte del imperio incaico, cuando mis conocimientos previos sobre el tema me indicaban todo lo contrario. Frente a esta situación, me aboqué a la tarea de confirmar esos conocimientos, consultando y confrontando la opinión de destacados especialistas. También me interesé por conocer más datos acerca de esta escritora riocuartense, y pude averiguar que ostenta un bien ganado prestigio en el campo de las letras, que ha escrito numerosas obras, varias de ellas relacionadas con el tema de los aborígenes (ranqueles, mapuches, etc.), muy populares en la región del sur cordobés y aún en Merlo, no así en la ciudad de San Luis. Supe también de su compromiso activo en la lucha por los Derechos Humanos, lo que acrecentó mi respeto y admiración . Sin embargo, en vista de la difusión que tiene esta obra entre los escolares y los docentes de primeras letras, siento la obligación ética de poner de manifiesto mis impresiones sobre este aspecto de su contenido con el que no estoy de acuerdo.
ACERCA DE LA EXPANSIÓN INCAICA

El dominio incaico fue de importancia singular en algunos sectores de nuestro país. Si bien tuvo lugar aproximadamente en los últimos 50 años antes de la llegada de los españoles –comenzó más o menos en el 1480, escaso tiempo en términos históricos para que operara una gran dispersión-, su influencia en el aspecto material y sociopolítico es innegable. Este influjo es más notable en algunas regiones del Noroeste argentino que en otras. Se ejerció de distintas maneras: por la dominación guerrera, por el vasallaje voluntario o por el intercambio comercial. Siguió un derrotero por quebradas y valles cordilleranos que, según afirman los especialistas, estuvo guiado por dos intereses principales: la explotación económica, en especial minera, y la búsqueda de pasos que facilitaran el camino a Chile; no les interesó ingresar a otras zonas, como las selváticas, por ejemplo. Evidentemente tenían un plan imperialista claro y no se apartaban de él. El avance en dirección sur se extendió, paralelo a la Cordillera, hasta Uspallata, en Mendoza. Los estudios indican que no habrían pasado de Tucumán hacia el este, en esta afirmación hay bastante acuerdo entre los investigadores que basan sus conclusiones no sólo en hallazgos arqueológicos (alfarería, uso del metal, etc.), sino también en relatos históricos de los primeros españoles que llegaron a estas tierras, particularmente algunos religiosos.

Numerosos científicos de la arqueología y de la Historia, sostienen que el poderío incaico no alcanzó a los Comechingones. En ese orden, Alberto Rex González y José Pérez afirman que

“En Córdoba y Santiago del Estero no se hace sentir la influencia peruana; pero en cambio es evidente en Mendoza, hasta la entrada de la Quebrada de Uspallata, a la que sin duda utilizaron como pasaje a Chile”.

Canals Frau, por su parte, expresa que

“...en la Información de González del Prado, compañero de Diego de Rojas, se dice reiteradamente que Huayna Capac, el undécimo Inca, no pudo sojuzgar la parte extra andina de la Argentina”.

Y agrega en otro momento:

“Que las influencias incaicas que se produjeron sobre otras regiones vecinas no llegaron hasta los Comechingones, parece inútil repetirlo. La prueba arqueológica resulta negativa, y la histórica también. El P. Lizárraga, por ejemplo, deja bien sentado que a Córdoba no llegó el dominio del Inca.” .

Los ejércitos del Inca Yupanqui, al mando de su general Sinchi Ruca llegaron a Mendoza y desde allí pasaron a Chile; no pudieron avanzar más allá del río Maule, los araucanos no se lo permitieron. Fijaron el límite con trincheras y regresaron por el paso de Uspallata – al que impusieron ese nombre - y recorrieron aquella Provincia; luego emprendieron la conquista del territorio sanjuanino. Nos cuenta un investigador de ese origen que

“Los huarpes que habitaban la orilla naciente de las lagunas de Guanacache, quedaron sin ser conquistados; debido a que las legiones conquistadoras al mando de alguno de los tenientes del general Sinchi Ruca, al llegar a la orilla poniente y no poder pasar la gran laguna, se contentó con darle nombre y fijar su posición geográfica” .

Este episodio de “retirada”, por llamarle de alguna manera, no fue el único a lo largo del despliegue imperialista, ya había sucedido frente a los chiriguanos, ubicados en un sector selvático de Bolivia y el norte argentino .

Asimismo, Martínez Sarasola , refiriéndose a los Comechingones, opina que

“Los Incas sin embargo no pudieron penetrar en sus territorios. Aunque no sabemos con certeza las causas, es posible que entre otras figure la capacidad guerrera de esta cultura, que quedó ampliamente demostrada posteriormente frente al conquistador español”

Aquí se puede observar una coincidencia con los episodios relatados anteriormente: donde la conquista hacia el este presentaba dificultades, era abandonada, y continuaban en pos de su meta siguiendo la línea cordillerana.

En la afanosa búsqueda de documentación que apoyara las afirmaciones de la Sra. Dillon, solamente se pudo hallar una referencia -muy poco consistente, a decir verdad- en el artículo “Datos e interpretación del registro documental sobre la dominación Incaica en Cuyo” del Dr. J. Roberto Bárcena . La misma expresa:

“Una relación curiosa, a tono con las ideas e intereses de la época, la da una petición de merced al rey, "del Cabildo y Ciudad de San Juan de la Frontera", anterior al 7/XI/1575, donde se decía "Hacer relación a Su Majestad como están las provincias de Conlara, tierras vistas bien pobladas cincuenta leguas de esta ciudad y las provincias de Comechingones a sesenta leguas de esta ciudad y que hay clara certidumbre estar cierta cantidad de ingas, pobladas cuarenta y cinco leguas de esta ciudad; las cuales dicen proceder y descender de los ingas, del Perú, que se entraron conquistando la tierra adentro, y entiéndese que es lo que vió César, según que V.M. mas largamente ha oído y visto”.

Este argumento acerca de la presencia de Incas en el valle del Conlara y entre los Comechingones parece ser una mera presunción. Quizá los cabildantes sanjuaninos estuvieran tratando de influír en las autoridades para lograr una respuesta positiva a su petición apelando a la codicia que pudiera despertar la mención de los Incas y de “lo que vió César” . Consultado el Dr. Bárcena (vía correo electrónico) si estaba de acuerdo con esta interpretación, respondió afirmativamente y agregó:

“Me parece que la alusión apunta a despertar interés por el área basados en la relevancia que por entonces tenían las menciones de la organización inca y particularmente en lo que hace a la referencia a César y a las ciudades y tesoros por descubrir.
Hasta dónde sé no hay en San Luis evidencias arqueológicas de presencia incaica y tampoco las hay en Córdoba, con excepción en este último caso de algunos artefactos relacionados con lo inca, aunque sus características de hallazgo y efectiva vinculación con la dominación incaica es dudosa”

Destaco aquí el fragmento que viene a reafirmar lo sostenido a lo largo de este trabajo.

En resumen, y en opinión de diversos autores, los incas no habrían abarcado en su expansión las actuales provincias de San Luis, Córdoba y Santiago del Estero. De tal manera, expresar que los Comechingones fueron anexados al Imperio resulta, por lo menos, una afirmación aventurada.

ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE INCAS Y COMECHINGONES

Incas y Comechingones comparten lo que Alberto Rex González denomina un “substratum” cultural, un pasado común. Las Sierras Centrales fueron pobladas por varias “oleadas” de grupos humanos provenientes del área andina. El horizonte arqueológico más antiguo estudiado en San Luis y Córdoba es el de Ayampitín (parte integrante de un conjunto que se extendió por América a lo largo de la cordillera de Los Andes a fines del pleistoceno). El citado autor cuenta que descubrió rastros de esta cultura en la Pampa de Olaen, cerca de La Falda, en las Sierras de Córdoba; hallazgos que pudo ampliar con otros realizados en la Gruta de Intihuasi, provincia de San Luis. Estas excavaciones fueron realizadas por el Museo de La Plata en 1951. Respecto al último sitio mencionado, la datación radiocarbónica que se hizo sobre restos óseos del lugar dio como resultado una antigüedad de 6000 años antes de Cristo. Fue el primer fechado prehistórico para Sudamérica logrado por este método. Más adelante, se detecta la presencia de una cultura superior, que accede a la región por la misma vía y posteriormente otra diferente, la de Ansilta, descubierta en San Juan y estudiada en la región cuyana por el profesor Gambier . Estos primeros agricultores surgieron en el 1.800 a. de C. en el oeste de San Juan y más tarde se fueron dispersando; provenían originariamente del sur del Perú, pasando por Chile; luego abandonaron la zona cordillerana y se dispersaron hacia el este (es posible que los afectara un cambio climático). Explica Gambier que

“Uno de los sitios preferidos de migración para estos grupos fueron las denominadas “Sierras Centrales”, particularmente las sierras de San Luis y Córdoba, integrantes del sistema de las Pampeanas” .

El punto más oriental que se pudo comprobar para el nuevo asentamiento es la ciudad de Villa María, en Córdoba, aunque es posible que siguieran su camino hasta el Litoral. Los hombres de Ansilta se integraron con los antiguos habitantes de las sierras, aportaron sus elementos agroalfareros y el resultado fue una nueva cultura. Este origen común explicaría algunos elementos compartidos por Incas y Comechingones, como por ejemplo, la práctica de la agricultura.

Por otra parte, Serrano nos cuenta que

“Cuando los españoles llegaron al Tucumán, los incas explotaban minas y elaboraban sus metales en la región de Londres (Catamarca); y sabemos también que, por temor a los invasores, abandonaron sus explotaciones y huyeron hacia el sur” .

El mismo autor continúa citando el relato de un testigo, Ramírez Velazco, quien en 1587 brinda información sobre indios refugiados en

“cesar (lindín) o trapalanda (...) a distancia de setenta o ochenta leguas de la ciudad de cordoba (sic)” .

Para algunos historiadores ese ignoto sitio podría hallarse al oeste de las Sierras de los Comechingones, y no falta quien arriesga un lugar más preciso: el Morro. Evidentemente estas migraciones constituyeron una de las vías de contacto con aquella cultura.

Además, que los Comechingones usaran en su lenguaje términos incaicos, probablemente tiene que ver con relaciones que operaron sobre todo a partir del encuentro de las culturas aborigen y europea. Basta recordar que, cuando Jerónimo Luis de Cabrera y su hueste fundaron la ciudad de Córdoba (en tierra de Comechingones), impusieron a sus naturales el uso del idioma quichua -que ellos ya habían aprendido en el Perú-, para simplificar el dominio de la región. Conocida es la crónica de Fray Alonso de Bárzana, primer misionero jesuita entre las tribus que poblaban el Tucumán, quien, en carta que escribiera al principal de su orden, en 1594, cuenta que era imposible aprender la lengua de los indios cordobeses ya que a cada paso se encontraban con un dialecto diferente.



REFLEXIONES FINALES

La bibliografía consultada nos permite inferir que

 la región de las Sierras Centrales no fue dominada por los Incas;

 pueden encontrarse algunas similitudes provenientes de una base cultural compartida;

 sí recibió influencias que se ponen de manifiesto en la lengua, la toponimia y algunos otros detalles. Sin embargo, debe reconocerse que las mismas fueron ejercidas con mayor peso en el momento de la conquista.

ANEXO


BIBLIOGRAFÍA

BÁRCENA, J. Roberto. “Datos e interpretación del registro documental sobre la dominación Incaica en Cuyo”. Internet: www.naya.org.ar/etnohistoria (Noticias de Antropología y Arqueología).

CANALS FRAU, Salvador. “Las Poblaciones Indígenas de la Argentina”. Biblioteca Argentina de Historia y Política. Hyspamérica. 1986.

D’ANDREA, Ulises. “Los primeros españoles en territorio puntano y en el sur de Córdoba. Origen de la Trapalanda”. Revista Trapalanda. Centro de Investigaciones Históricas y Folklóricas de la Villa de Merlo. Nro. 10, diciembre de 2001.

DILLON, Susana. “Rastros de Comechingones”. Editorial de la Fundación Universidad Nacional de Río Cuarto. 2004.

GAMBIER, Mariano. *“La Cultura de Ansilta”
*”Investigaciones arqueológicas en las Sierras Centrales, Provincia de San Luis, Argentina”.
* “Los Cazadores del Séptimo Milenio en el Extremo Sur de los Andes Meridionales y sus Relaciones con la Cultura Ayampitín”. Universidad Nacional de San Juan, Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. San Juan, 1979.

GONZÁLEZ, Alberto Rex y PÉREZ, José A. “ARGENTINA INDÍGENA. Vísperas de la Conquista”. Historia Argentina 1. Paidós. Buenos Aires, 2000.

LEHMANN, Henri. “Las Culturas Precolombinas”. EUDEBA. Buenos Aires, 1987.

MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos. “Nuestros paisanos los indios”. Emecé Editores, Serie Memoria Argentina. Bs. As., 2005.

MENÉNDEZ, Néstor Pedro. “Breve Historia de San Luis”. San Luis, 1994.

RAMÍREZ, Pedro Pascual. “Los Huarpes. Etimología de las palabras usadas por el pueblo”. Comisión Nacional de Cultura. Bs. As., 1938.

SERRANO, Antonio. “LOS ABORÍGENES ARGENTINOS. Síntesis Etnográfica”. Ediciones Librería Paideia. Córdoba, 2000.